LA FUERZA DE LA NATURALEZA
(MITO)
Cuentan los abuelos que en los tiempos más antiguos de la humanidad, no existía el día o la noche. El sol no se había levantado en lo alto de las nubes y por ello todo era oscuridad. Cuando Tidía, dios de los indios Tekuas quiso ayudarlos dirigió su mirada a ellos dándose cuenta de los sentimientos de muchos hombres y mujeres; eran tan oscuros como el mismo cielo y decidió regalar con un rayo, una flama para bendecir a aquellas almas nobles.
El Cacique Nochué de la tribu exigió ser tratado como decendiente directo y único de Tidía quien enojado lo castigó sin permitirle tener su propia decendencia. Se pensaba que desde entonces Tidía olvidó a los Tekuas y prometió no ayudarlos más.
Tidía muy triste por la decisión tomada se quiso perder en la historia de ese pueblo y creó una nueva raza en el centro de las altiplanicies de un país lleno de tesoros naturales y para dejar todo atrás se dio a conocer como Bachué.
Estando solos, los Tekuas siguieron su vida belicosa y no hacían nada para agradar a dios, quien de vez en cuando, por su corazón de padre, daba una mirada hacia ellos con la esperanza de encontrar corazones arrepentidos.
Lloraba Tidía su tristeza; lo hacía tanto que inundó toda la tierra, pero por compasión a su nuevo pueblo se calmó y encausó las aguas, desde entonces existen los mares y sus aguas son saladas como las lágrimas humanas, como las lágrimas del dios Tidía.
Separó agua de la sal para crear nuevamente los ríos y procurarle la vida a la humanidad. Mientras la triste deidad terminaba de secar la tierra y formaba lagos y lagunas, ríos y arroyos, escuchó un canto de súplica por la paz de su pueblo, dirigió su mirada a su primer pueblo pues era por ellos por quien se oraba. No, desde allí no provenía la melancólica voz. Se dedicó Tidía a buscar el sitio desde donde se le oraba y encontró al sur de lo que hoy es Colombia a un niño solo, bastante delgado y casi desnudo. Se había alejado de su casa por la inundación, pero se valió de la naturaleza para sobrevivir y aún con sus apuros propios oraba por su pueblo para que encontraran el amor de su dios.
Complacido y muy conmovido por esta pequeña humanidad Tidía lo ayudó hasta hacerlo volver a su hogar dando paz a su pueblo para bendecir al niño. En su camino encontró un ave herida la cual recogió y con la ayuda divina alivió. Al volver su ave aún muy pequeña no podía volar y su aspecto producía burlas y comentarios que encogían de tristeza al pequeño y a su pequeña compañera de aventuras, la cual decidió huir del pueblo e internarse en lo más alto de las montañas haciendo que nuevamente Tidía los dejara de cuidar.
Pasados algunos años, el cacique quien no era dios, se hizo viejo como cualquier hombre y sabía que pronto encontraría la muerte cerca de su lecho y viajaría su alma al mundo de los muertos para no volver jamás. Decidió entonces, convocar a una competencia con el único fin de garantizar un líder capaz de sostener la comunidad, pero sobretodo, con el corazón suficiente para convencer al pueblo que su camino debía volver a Tidía. El alma de su padre muerto lo visitaba en sueños y proyectaba pasajes de su vida en los que había tomado decisiones equivocadas y se dio cuenta de su terrible error; pero era demasiado tarde, no se le permitía contarle a nadie lo que noche a noche vivía.
Con los tormentos del Cacique Nochué inició la convocatoria a la que atendieron fuertes hombres dedicados a la guerra, también lo hizo Cóndor el pequeño quien para entonces ya era un hombre.
El aspecto del joven Cóndor no había cambiado mucho, era delgado y pequeño, dedicado al cuidado de los animales pues la pérdida de su ave lo había entristecido mucho. Él no sabía que había agradado a Tidía, que su ave era un regalo de él y que él mismo la había cuidado. Su ave creció tanto como nunca se había visto otra en esa región, pero seguía oculta para evitar ser cazada.
Al presentarse Cóndor fue víctima de los comentarios más denigrantes y de las burlas más descaradas, pero eso no impidió que se iniciara en la contienda. Sin embargo, esas burlas provocaron un nuevo castigo de Tidía; dejó de separar la sal de las aguas, como los ríos llegaban al mar se empezaron a llenar de sal, lo que produjo sequía y daño en los cultivos tekuas ya que Tidía protegía su otro pueblo con un hermoso tesoro: una gran laguna, regalo para aquienes hacían todo por agradar a Bachué.
Pasaron pruebas físicas muy fuertes y Cóndor sentía que su cuerpo no podría resistir mucho, así que oraba y seguía en su tarea de cuidar la naturaleza.
Justo fue el problema de los cultivos lo que definiría la contienda. Pero, ¿qué hacer contra la fuerza de dios mismo? Todos los esfuerzos resultaban vanos, intentaban todos los competidores en separar la sal de las aguas y el pueblo se resignó a su nueva situación.
Decidió Nochué cambiar la competencia que finalmente decidiría al cacique sucesor.
Debían lanzar a lo alto de una montaña una flecha, por ser todo oscuridad debía ir encendida y para evitar que el aire apagara el fuego, ponían un disco de oro en frente de la llama para desviar el viento.
Así inició entonces. Uno tras otro lanzaba y todos veían como salía uno por otro. El último turno como siempre fue para Cóndor. Todos confiaban en conocer el ganador, pues nadie creía en el joven. Le permitieron lanzar en medio de burlas y desafíos. Tidía quien siempre estuvo pendiente encargó al ave aliviada por Cóndor la tarea de elevar la flecha. La deidad la ocultaría con un manto de invisibilidad para elevar la flecha y asegurar el triunfo del joven.
Así sucedió, pero el ave no dejaba de elevarse. El fuego empezó a calentar el disco de oro y su flameante luz empezó a brillar proyectándose en el oro hacia todos los rincones de la tierra.
Para que el ave no sufriera Tidía la revistió haciéndola inmune al fuego, desde entonces el disco brilló ese fuego solitario dando origen al día. Cuando el ave agotó la fuerza de sus alas marchó a descansar ocultando el disco bajo su enorme cuerpo volviendo a la oscuridad. Desde entonces, Tidía hace invisible a los ojos del hombre el ave que eleva el disco y la despierta cada mañana para que incie su tarea; es por ello que pareciera que el sol surca el cielo de oriente a occidente, es el camino que recorre el cóndor batiendo sus alas con fuerza cumpliendo su tarea día a día y baja a descansar protectora junto a su propia familia conocida hoy con ese mismo nombre.
A pesar de haber visto lo sucedido, nadie podía creer en la fuerza de los brazos de Cóndor y le quisieron arrebatar su triunfo, pero Nochué fue aconsejado por el espíritu de su padre y explicó el acontecimiento como un fenómeno desconocido por ellos, "La fuerza de la Naturaleza" fuerza que según explicó Nochué habitaba en el corazón del muchacho. Así fue como Cóndor se convirtió en el cacique de una nueva generación amiga de la naturaleza, con corazón noble a los ojos de Tidía. Solo el cacique y el muchacho supieron lo que había sucedido en realidad y Cóndor cedió su nombre al enorme ave para agradecerle su sacrificio. Cóndor ave continúa su tarea, mientras su prole surca imponente los Andes enaltecida en las tierras que agradecieron su esfuerzo.
Esto no fue lo único que cambió. Como los hombre creían que el disco estaba solo en la cúspide del cielo lo empezaron a nombrar "Sol". Su calor dio origen a nuevas plantas y con ellos nuevos alimentos, y lo más importante se encargó de hacer un trabajo abandonado por Tidía, separar la sal de las aguas y arrojarla en forma de lluvia, ya libre del sabor y pura en olor y color, de nuevo a la tierra para alimentar los arroyos, ríos, lagunas, lagos y mares... A este proceso hoy se le conoce con el nombre "El ciclo del agua" y ocurre no solo con las aguas del mar, sino que limpia la de los mismos ríos.
Nochué al morir, no pudo ingresar al mundo de los muertos por haber desafiado a Tidía, y desde entonces, su cara pálida y envejecida, de blanco pelo y de blanca barba cortada cuidadosamente para ver un rostro redondeado, acompaña las noches de los hombres y ahora es conocido como Luna. Todos piensan que es mujer pero si miras bien es el satélite... un hombre solo y viejo corazón arrepentido.
Desde entonces se conoce al día en memoria del dios Tidía, aunque hoy él sea conocido más como Bachué, porque siempre donde hay arrepentimiento y esperanza se puede dar el perdón y la tolerancia; y la Noche por Nochué para recordarnos que en el corazón deben existir los sentimientos que nos conduzcan a la paz para ser privilegiados y no la arrogancia y demás sentimientos que nos lleven a ser olvidados o castigados por el supremo.
Los Tekuas desaparecieron al defender su territorio de hombres pálidos acompañados por fuertes bestias, pero su legado y sus tesoros aún nos acompañan.
El Cóndor es el ave más importante de Colombia y más que a la memoria de un Cacique o de un ave se enaltece en su escudo a la unión del hombre con la naturaleza que fue lo que finalmente nos llenó de los regalos maravillosos de los cuales gozamos hoy pero que estamos dejando acabar.







Benjamín Rivera dijo
Hola, cómo estás, espeor que bien,yo estoy bien... una intersante historia para comprender la naturaleza y si historia latinoamericana... bueno, te dejo, adios...
8 Octubre 2008 | 04:40 AM